Medidas de discriminación positiva también en las empresas: ¿Por qué las mujeres las necesitamos?

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(Spoiler alert: no, con los méritos no alcanza).

En el año ‘75, en un país del que casi no tenemos registro salvo para quienes anhelan auroras boreales y la música de Björk, las mujeres hicieron un paro total de 24 hs. Fue un viernes. Qué querían? (es una buena pregunta, nos criamos escuchando que es complicadísimo saber qué queremos…). Las demandas eran claras:

  1. Más mujeres en espacios de decisión (parlamento, consejos locales, etc).
  2. Eliminación de la brecha salarial: ganar igual que los varones por la misma función.
  3. Medidas concretas para equiparar la carga del trabajo de cuidado.

Para “sorpresa” (sonrisas sarcásticas aquí) de todos, el país se paró: no solo faltaban mujeres en sus trabajos en las empresas sino que tampoco había quién se ocupara de la casa y los chicos.

Como respuesta a esto, en el año 76 se dictó el “Acta de equidad de derechos entre mujeres y varones”. Hoy, Islandia es el país más equitativo del mundo.

El inicio fueron los cupos obligatorios en el ámbito público: estamentos gubernamentales, poder judicial, etc. Hoy también es mandatorio en el ámbito privado.

Viajamos y nos volvemos para acá. Argentina 2018. Algunos datos:

  1. Las mujeres trabajamos un promedio de 4 hs diarias adicionales en tareas de cuidado.
  2. Las mujeres somos 7 de cada 10 personas en situación de pobreza.
  3. La brecha salarial varía entre el 27 y el 35% y aumenta a medida que subimos en la jerarquía empresarial.
  4. Ocupamos menos del 10% de las posiciones gerenciales en las empresas grandes y medianas del país, instituciones públicas, cámaras empresariales, a saber

El 0% del comité ejecutivo de la UIA

El 4% de la comisión directiva de la SRA

El 4% de los CEO’s de grandes empresas

El 7% de las presidencias de cámaras empresariales

El 20% de las secretarías generales de sindicatos

El 10% de los ministros de la nación (esquema ministerial anterior al actual)

El 34% de los diputados nacionales

El 17% de los gobernadores

 

La meritocracia (infinidad de puntos suspensivos aquí)

Quienes están en contra de las medidas de discriminación positiva, esas medidas que obligan a la equidad (es decir, como no nos sale, hay que empujar), suelen argumentar que: si no hay más mujeres es porque no nos interesan esos puestos; que llegan siempre los mejores sin importar género (¡JA!) y que la que quiere lo logra. Para ello ponen como ejemplo las pocas que conocemos. Pero, como explica el dicho popular: una golondrina no hace verano.

Y entonces?

Lo primero es reconocer que existen prejuicios y también estructuras invisibles (techo y paredes de cristal se llaman) que impiden el acceso de mujeres a lugares de poder.

Lo segundo es que, ocupando esos lugares, es como lograremos que se hable de lo que nos afecta: la necesidad de licencias compartidas, de organizaciones de cuidado para hijxs, ancianxs o personas con discapacidad, las decisiones económicas.

Finalmente, las empresas deben dejar de esperar que sea el estado el que las obligue. Incoporar perspectiva de género y políticas que empujen la equidad y las posibilidades va mucho más allá de una acción moderna de responsabilidad social: ¡es rentable!

Eso sí, hay que animarse a romper paradigmas, curar cegueras, desnaturalizar.

Para terminar, una anécdota personal: me llamaron de una empresa local. Tenían algunas políticas de equidad vigentes pero no entendían qué pasaba que no lograban mucho. La más potente era que, ante la necesidad de contratar personas y, frente a las mismas capacidades, debía priorizarse a las mujeres hasta alcanzar el 50%. ¿Se cumplía? Sí! Y entonces? Les cuento: el 85% de los gerentes eran varones. Cumplido el período de prueba, desvinculaban a las mujeres y se quedaban, milagrosamente, solo con hombres. Nunca, nadie, ninguna de ellas, se ajustaba a los requerimientos.

¿Qué era lo que no funcionaba?

Dejo para que piensen.

Misceláneas

  1. Pregunta de censo: ¿Trabaja? No, soy ama de casa… Recomiendo ver un corto: Eso que llaman amor es trabajo no pago (http://economiafeminita.com/primer-corto-de-economia-feminista/)
  2. Categoría de EPH (encuesta permanente de hogares) Jóvenes Ni-Ni (ni trabajan ni estudian). Sin embargo, las mujeres en esta categoría trabajan cuidando a sus familiares menores o en tareas de su casa. Volver al punto 1.
  3. Si tienen ganas de leer: “Quién la hacía la cena a Adam Smith. Una historia de las mujeres y la economía” Katrine Marcal.
  4. Una economista norteamericana, Alice Wu, decidió armar para su trabajo final de licenciatura, un algoritmo de clasificación para medir qué palabras predicen mejor si un comentario se refiere a un hombre o una mujer en un blog que se llama “Economics Jobs Market Rumors” (algo así como: rumores en el mercado laboral de los economistas).

Encontró que:

  • Las palabras que mejor predicen si el post se refiere a un varón son: macroeconomía, supervisor, director y homosexual (3 profesionales, 1 no)
  • Las que mejor predicen un post sobre una mujer son: atractiva, casada, embarazada, linda, hermosa y tetas. Sí: NINGUNA de ellas se refiere a características profesionales.

 

Fuentes: indec.gob.ar, @carteleralct, www.cippec.org y www.economiafeminita.com.

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