Médicos de Empresas

Si uno se siente “mal”, es lógico y normal acudir al médico de cabecera para que nos revise, haga un diagnóstico e indique un tratamiento a seguir con el objetivo de restablecer la salud perdida.

Algunas empresas hacen lo mismo con su salud organizacional pero no todas acuden dispuestas a escuchar el diagnóstico y llevar a cabo las soluciones.

Sucede con frecuencia que finalizada la etapa de análisis para entender las causas de los problemas que las aquejan, algunas empresas “pacientes” inician una etapa de “diálogo” donde se intenta hacer creer al consultor, y a ellos mismos, que en realidad los “dolores” organizacionales no eran para tanto. Son claros síntomas de lo que llamamos resistencia al cambio.

Surge también en algunos gerentes la tentación de creer que porque han sido exitosos en el pasado gerenciando la compañía, están en condiciones de saber cuál es el remedio que más les conviene ahora que sus empresas están enfermas.

Llevado esto al plano de la salud personal equivaldría a decirle al médico: “Mire doctor, yo entiendo lo que usted me propone, pero hace 40 años que cuido de mi cuerpo y he sobrevivido bastante bien hasta ahora por lo tanto, creo que este tratamiento que usted me indica no es lo más adecuado para mi enfermedad.” O sino, “Mire doctor, usted dice que debo tomar este antibiótico en una dosis diaria durante siete días seguidos, pero quiero decirle que yo ya sé, porque me conozco muy bien, que con dos días que lo tome será suficiente.”

Tamaño argumento suena ridículo cuando lo ponemos en el contexto de una consulta al médico, pero se oye de manera bastante frecuente cuando de “Médicos de Empresas” estamos hablando.

Pareciera que se desconoce el hecho de que estamos ante dos niveles de competencias profesionales completamente diferentes. Puedo ser muy buen ingeniero pero si mi médico me dice que debo hacer ejercicio para mantenerme vital o debo tomar tal o cual remedio, es de sabios hacerle caso, ya que lo que me dice lo hace desde su propio bagaje de conocimientos que nada tienen que ver con los míos, ya que yo soy ingeniero y él es el médico. Conviene hacerle caso porque, insisto, él es el médico!

Como consultores nos enfrentamos periódicamente a “pacientes” con estos comportamientos a los que obviamente se hace prácticamente imposible ayudar, ya que si bien tuvieron la iniciativa de consultar al profesional, pareciera que no están dispuestos a seguir sus recomendaciones.

Hace poco y ante la insistencia del médico de empresas de que tomaran en serio el tratamiento recetado, una “paciente” respondió así:

“Lo hemos pensado bien y creemos que todavía no estamos en condiciones de iniciar este programa de Mejora Continua dado que tenemos muchos problemas internos.”

A oídos del consultor (médico) se escuchó así:

“No estamos en condiciones de tomar los remedios indicados porque todavía estamos muy enfermos. Cuando logremos curarnos un poco empezaremos con el tratamiento y tomaremos la medicación.”

Sí, ya sé que suena gracioso y hasta grotesco, pero lo triste es que la crisis a la que se enfrentan muchas empresas en la actualidad, con cientos de semanas de crecimiento ininterrumpido, ha hecho colapsar la mayoría de los sistemas de producción* y tal vez sea este inédito crecimiento lo que mantiene confundido a algunos gerentes.

Sin embargo, este pensamiento parte de una premisa irónicamente equivocada: Creer que hay que estar sanos para tomar los remedios! Es ahora, precisamente en medio de la crisis, cuando se requiere actuar para eliminar los síntomas de “desórdenes organizacionales profundos”.

Como expertos en Salud Organizacional creemos que en el fondo, estos comportamientos son síntomas de otros problemas muy frecuentes en las empresas. Y nos referimos especialmente a la Resistencia al Cambio.

Si le digo al médico que sí, si acepto sus recomendaciones, puede que este me obligue a abandonar hábitos destructivos para la salud organizacional y personal y eso exige pagar un precio que no estoy dispuesto a aceptar. Seguramente vendrán pedidos de abandonar comportamientos inadecuados que son los causantes de la enfermedad actual, y al mismo tiempo deberé asumir nuevos hábitos más sanos y encaminados a recobrar la salud perdida. Y la verdad que me cuesta mucho hacer eso… Al fin y al cabo tan mal no estoy…

Únicamente desde la claridad de una visión de estado futuro deseado contrastada críticamente con la condición actual, y al mismo tiempo desde el reconocimiento de que el médico posee un saber que debo y puedo aprovechar, se encontrará la fuerza para llevar adelante el tratamiento con todo lo que tiene de riesgoso y difícil. Se debe querer profundamente volver a estar sano, de lo contrario las resistencias a seguir las indicaciones del médico vencerán.

Todo cambio implica un cierto riesgo.Al inicio de algunos tratamientos uno tiene la sensación de que no se están produciendo los resultados esperados, pero sabemos que no hay remedios rápidos si lo que se quiere es eliminar la causa raíz de un problema.

Al igual que con la medicina de personas, no basta con tener la opinión del médico y la receta escrita para curarnos. Es inevitable tomar la decisión de curarse y dar los pasos necesarios para poner en práctica dicho tratamiento.

Nos vemos en la próxima.

* Esta demanda creciente ha sido parcialmente aminorada por el conflicto vivido estos últimos meses y todos esperamos que el país encuentre la forma de sostener la vía del crecimiento. Sólo a modo de ejemplo baste mirar cómo los expertos en Mantenimiento son un recurso en vías de extinción, lo mismo con los Ingenieros de cualquier rama y es muy interesante ver cómo las áreas de Recursos Humanos no dan abasto incorporando gente, ya sea para dar soporte al crecimiento, o a la inédita movilidad que se vive por estos tiempos.