La salud organizacional

La situación

Hace varios días que no me siento bien. Me desconcentro y mi productividad decae, me siento cansada, etc. Decido ir al médico a ver qué me dice y ver cuál es el tratamiento adecuado. Me propone hacer algunos análisis para facilitar el diagnóstico y me pide que saque un nuevo turno. Ese día, cuando me comunica qué tengo, me pongo a discutir con él! No es eso! Yo se lo que tengo! Creeme, hace años que vivo conmigo! Vos no me conoces lo suficiente. Esos remedios no van a servir para nada! Sabes las veces que intenté lo mismo con otro nombre y no sirvió?
Anonadado, el médico me pregunta: vos ¿para qué viniste?

 

¿Gracioso no? Sin embargo…

Algunas empresas hacen lo mismo con su salud organizacional: Sucede con frecuencia que finalizada la etapa de análisis para entender las causas de los problemas que las aquejan, las empresas “pacientes” inician una etapa de “diálogo” donde se intenta hacer creer al “médico de empresa” (más conocido como consultor) y a ellos mismos que, en realidad, los “dolores” organizacionales no eran para tanto, que esa propuesta no sirve, etc.

Estos son claros síntomas de lo que llamamos resistencia al cambio.

Surge también en algunos gerentes la tentación de creer que porque han sido exitosos en el pasado gerenciando la compañía, están en condiciones de saber cuál es el remedio que más les conviene ahora que sus empresas están enfermas.

Llevado esto al plano de la salud personal equivaldría a decirle al médico: “Mire doctor, yo entiendo lo que usted me propone, pero hace 40 años que cuido de mi cuerpo y he sobrevivido bastante bien hasta ahora por lo tanto, creo que este tratamiento que usted me indica no es lo más adecuado para mi enfermedad.” O sino, “Mire doctor, usted dice que debo tomar este antibiótico en una dosis diaria durante siete días seguidos, pero quiero decirle que yo ya sé, porque me conozco muy bien, que con dos días que lo tome será suficiente.”

Pareciera que se desconoce el hecho de que estamos ante dos tipos de competencias profesionales completamente diferentes. Puedo ser muy buen contador pero si mi médico me dice que debo hacer ejercicio para mantenerme vital o debo tomar tal o cual remedio, es de sabios hacerle caso, ya que lo que me dice lo hace desde su propio bagaje de conocimientos que nada tiene que ver con los míos.

Como consultores nos enfrentamos periódicamente a “pacientes” con estos comportamientos a los que obviamente se hace prácticamente imposible ayudar ya que, si bien tuvieron la iniciativa de consultar al profesional, pareciera que no están dispuestos a seguir sus recomendaciones.

Hace poco y ante la insistencia del médico de empresas de que tomaran en serio el tratamiento recetado, una “paciente” respondió así:

“Lo hemos pensado bien y creemos que todavía no estamos en condiciones de iniciar este programa dado que tenemos muchos problemas internos.”

A oídos del consultor (médico) se escuchó así:

“No estamos en condiciones de tomar los remedios indicados porque todavía estamos muy enfermos. Cuando logremos curarnos un poco empezaremos con el tratamiento y tomaremos la medicación.”

Sí, ya sé que suena gracioso y hasta grotesco, pero lo triste es que las empresas suelen creer que deben salir de la crisis para iniciar procesos de mejora, de organización, de desarrollo en lugar de hacerlo cuando los síntomas “arden”.

Como expertos en Salud Organizacional creemos que en el fondo, estos comportamientos son síntomas de otros problemas muy frecuentes en las empresas. Y nos referimos especialmente a la Resistencia al Cambio.

Si le digo al médico que sí, si acepto sus recomendaciones, puede que este me obligue a abandonar hábitos destructivos para la salud organizacional y personal y eso exige pagar un precio que no estoy dispuesto a aceptar. Seguramente vendrán pedidos de abandonar comportamientos inadecuados que son los causantes de la enfermedad actual, y al mismo tiempo deberé asumir nuevos hábitos más sanos y encaminados a recobrar la salud perdida. Y la verdad que me cuesta mucho hacer eso… Al fin y al cabo tan mal no estoy…

Únicamente desde la claridad de una visión de estado futuro deseado contrastada críticamente con la condición actual, y al mismo tiempo desde el reconocimiento de que el médico posee un saber que debo y puedo aprovechar, se encontrará la fuerza para llevar adelante el tratamiento con todo lo que tiene de riesgoso y difícil. Se debe querer profundamente volver a estar sano, de lo contrario las resistencias a seguir las indicaciones del médico vencerán.

Todo cambio implica un cierto riesgo. Al inicio de algunos tratamientos uno tiene la sensación de que no se están produciendo los resultados esperados, pero sabemos que no hay remedios rápidos si lo que se quiere es eliminar la causa raíz de un problema.

Al igual que con la medicina de personas, no basta con tener la opinión del médico y la receta escrita para curarnos. Es inevitable tomar la decisión de curarse y dar los pasos necesarios para poner en práctica ese tratamiento.

Nos vemos en la próxima.

 

Lic. Viviana Liptzis, MDCO
Magister en Desarrollo y Comportamiento Organizacional