Cuando el clima se pone tenso

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Las tensiones del contexto, las preocupaciones individuales por el salario y la continuidad en el puesto de trabajo, las decisiones que las empresas toman en busca de mayor eficiencia y menor costo o, incluso, la dificultad de sostener económicamente una estructura, generan efectos directos sobre las personas y los equipos de trabajo que conforman.

Los paradigmas versus la realidad

Es común encontrar en los niveles de decisión de las empresas un razonamiento que luego no se verifica en la práctica: la persona que queda en su puesto en un contexto difícil seguramente redoblará sus esfuerzos para mejorar, para mostrarse empleable y competitiva.

Lo cotidiano empieza sin embargo a mostrar otra cosa: tensiones interpersonales donde antes no existían, reacciones impulsivas, descenso de la productividad, aumento del ausentismo, aumento de enfermedades derivadas del stress e, incluso, un estado de cierta parálisis.

Y ¿por qué?

Básicamente porque la incertidumbre es agotadora y, peor, si está mal (o nada) contenida. Porque hay mucha pregunta sin respuesta (¿cuándo me toca a mi?). Porque hay igual o más carga de trabajo y menos personas. La estructura cruje. Los procesos se desacomodan. Incluso si antes había cierta sobredimensión, acomodar las cargas no es tan simple o automático como parece.

En el peor de los casos, hay lo que llamamos Síndrome del Sobreviviente: una emoción a veces más vaga y otra más concreta, relacionada con la culpa: ¿por qué se fue otro y no yo?

¿Hay algo para hacer?

Sí. Siempre hay cosas para hacer.

Es necesario mirar y diagnosticar: quienes “explotan” y necesitan soporte, quienes se enferman y nos dicen algo con eso, a quienes las nuevas cargas los sobrepasan.

A partir de allí necesitamos aprender a hablar de la situación y eliminar ese gran elefante sentado en el medio de todos y del cual nadie dice nada directamente. En momentos en que “radio pasillo” funciona a todo volumen, con el silencio estamos dejando vacío ese espacio comunicacional y permitiendo que se llene de cualquier cosa (verdades o mentiras, sin distinción). Necesitamos gestionar, apropiarnos, acompañar y contener. En silencio, nada de eso es posible.

Por último, hay que volver a pensar procesos y tareas, rediseñar, probar, evaluar y volver.

Para pensar

En estos ciclos se pone en evidencia el capital de confianza que la empresa tiene. Cuánto mayor sea, mejores serán los resultados de las acciones orientadas a la contención. Caso contrario, será tiempo de revisar lo hecho hasta acá: la falta de transparencia se pagará con incertidumbres más profundas y difíciles de gestionar.

 

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